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CONSULENDI. Por SERGIO G. VARELA MAYA.

In Uncategorized on 18 mayo, 2015 at 12:36

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CAMPAÑAS POLÍTICAS, INTRASCENDENTES. Por mandato de ley, las campañas políticas para promover las candidaturas para elegir diputados federales tendrán una vigencia de sesenta días, según lo preceptúa el párrafo segundo del artículo 251 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE), en tanto que para tribunos locales y ayuntamientos será de 35 días, como la marca el artículo 256 del Código Electoral del Estado de México. Términos que en honor a la verdad son muy breves y en algunos sitios están siendo francamente desaprovechados.

El sábado 16 de mayo, acudí, pasadas las 18:00 horas, con mi familia a “hacer el súper” en conocida casa comercial de Tenancingo, y varias veces en los pasillos me encontré al candidato suplente a presidente municipal por un “X” partido, coincidiendo con éste en la misma caja, y pude cruzar algunas palabras con él y le pregunté por qué no estaba siguiendo la campaña de partido, y me dio una razón que, para el verdadero interesado y comprometido con la política, sus colores partidistas en tiempos altamente electorales y competitivos no es suficientemente válida en éstos momentos. La verdad, sin ser simpatizante y mucho menos militante de su partido, me decepcionó su carácter. Luego, el domingo pasada la hora de la comida salí al jardín Morelos de Tenancingo para hacer algunas compras y al esperar que amainara la lluvia que cayó, me encontré a una muy joven candidata a presidente municipal de dicha demarcación, quien iba acompañada por unas tres personas más, me dio su propaganda electoral y le quise preguntar algo sobre la misma, prefirió seguir entregando sus “flyers” que darme a conocer más ampliamente su proyecto político para Tenancingo o parte de sus andanzas en la política: por supuesto que no votaré por su partido.

Hay corrientes de opinión en contra del fenómeno que ya parece incontrolable: el mesianismo chapulinesco, es decir, “soy tan bueno -o buena-, que sólo yo merezco ocupar ahora ese mismo cargo que ya antaño ocupé, o uno nuevo en mi haber, pero he de ser yo”, están en su derecho, pero en una actitud de sensatez y salud política, deberían de esperar por lo menos un periodo completo para esa finalidad. Se ha dicho que es en aras de la pujante juventud, pero es mejor, adquirir experiencia en la vida privada para transportarla a la política, y servir mejor a la sociedad, de la que no se aleja, como sucede cuando la burbuja del poder o del cargo los protege de realidad social y del infecto piso por el que circulan.   

Estos son algunos casos, y siendo realistas, las campañas de los diversos partidos políticos están pasando olímpicamente desapercibidas. Por otro lado, he leído algunos artículos y columnas periodísticas en las que sus autores –mañosos y arteramente- están lanzado la incivil idea de anular la boleta electoral, so pretexto de manifestar un descontento social; no obstante, pueden o no, estar sustentados los varios motivos que expresan. Al contrario, ejercer el derecho al sufragio y emitir un voto bien meditado, analizando las ideologías partidistas y a los candidatos que los representan es la mejor forma de expresar un beneplácito o un agravio hacia un grupo social o comunidad, no echando a perder un costosísimo –dicho en varios sentidos- proceso y material electoral que todos pagamos, dicho también en lato sentido.

Encuentro si, un ambiente parecido a la indiferencia política, en contraste por lo menos de uno o dos procesos electorales anteriores, en que las campañas tenían más interés y sabor (hoy las aderezan solo un poco las batallas campales que libran los candidatos, partidos y sus prosélitos en las redes sociales), quizá porque estaban menos vigiladas por los órganos electorales federales y locales y por los candados y limitaciones establecidos en el artículo 262 del Código Electoral local, aunado a que candidatos muy bien posicionados ante sus potenciales sufragantes, hoy se han visto lastimosamente sustituidos o desclavados por faltar a la más elemental sinceridad y buena fe a que deben atender en la materia, e inclusive, a la obcecación de verse reposicionados en estratégicos segundos planos, para que de un día a otro, los propietarios amanezcan invadidos de cánceres terminales que les obligan a solicitar licencias definitivas y que otros logren el inviolable –y mal entendido- manto de la inmunidad parlamentaria…

Sígueme en Twitter: @sgvarelamaya.

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